Conservantes, colorantes, emulsionantes, etc.

Cuando elaboramos un producto o una receta usamos «ingredientes clásicos», como la harina o el aceite vegetal y, si es necesario para su funcionalidad, añadimos lo que llamamos «aditivos alimentarios». Los aditivos alimentarios no tienen ninguna función nutricional, pero se añaden porque desarrollan alguna función tecnológica específica. Los conservantes eviten que la comida se estropee y hace que podamos consumirla de forma segura durante más tiempo. Los colorantes se usan para añadir o recuperar el color en la comida e influyen en su aspecto. Los emulsionantes crean una emulsión homogénea entre los líquidos que de otra forma no podrían mezclarse, como sucede entre el aceite y el agua. Los edulcorantes se usan para aportar un sabor dulce (y substituyen al azúcar). Los antioxidantes son substancias que alargan el periodo de conservación de los productos y los protegen frente a la oxidación (por ejemplo, enranciamiento de las grasas y cambios de color). Los agentes de tratamiento de las harinas se añaden a la harina o a la masa para mejorar su calidad de cocción.

Todos los aditivos alimentarios cumplen una función importante en los productos alimentarios, están testados y aprobados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y son considerados inocuos. Solo aquellos aditivos con usos considerados seguros son autorizados, reciben un número E y se incluyen en la lista de la UE.

¿Quieres saber más sobre aditivos alimentarios? ¡Sigue leyendo nuestra sección de Preguntas Más Frecuentes!